Volverás a reírte de veras si te quedas conmigo…
Déjate llevar, sueña conmigo, duerme a mi lado. Admite que esta situación es insostenible, dime que tú tampoco podrías vivir sin mí, que prefieres que se acabe la música en el mundo antes que seguir con todo esto. Mirándome en silencio, como siempre; pensando en qué no darías por rozarme sin trabas, por tocarme con tu voz, por mirarme con tus manos. Di qué nunca pensaste que podría pasarte algo así, que todo es diferente, que ahora todo importa pero ya nada te afecta, que ahora entiendes por qué estás aquí, en Madrid, tan lejos de casa pero a la vez tan cerca, porque mi cuerpo ya es tuyo, y conoces mi piel desde antes de haberme visto. Di que ahora tiene sentido escribir, que aceptas mis virtudes y admiras mis defectos, que comprendes la situación pero no la aceptas, que aún tienes ganas de luchar un poco, que aún tienes fuerzas para intentarlo otra vez.
Vente conmigo a Berlín, deja que te arrastre, que juegue contigo sin hacerte más daño del necesario, que disfrute de mi soledad acompañada y de mi compañía solitaria; porque si tú no estas me sorprendo contando los segundos y compruebo que avanzan tan rápido como en mi reloj, muerto desde hace meses… Deja que me hiera soñando que un día volverás a mí, como siempre, porque tú sabes que esto está visto para sentencia. Dime que «este rosario de cuentas infelices calla más de lo que dice pero dice la verdad», puestos a hablar de Sabina, dime que la mejor canción de amor del mundo es «Ahora que», que todas esas frases hechas sobre amor son tan cursis que te asquean, te dan vergüenza ajena, pero en mis labios tienen un sentido si son para ti, como esto que te escribo. Déjame ver que entiendes que esto tuyo, aunque no sea para nadie más que para mí…
Vente conmigo a Berlín otra vez…