Hace treinta años él sólo existía en las cartas, en las de amor y en las de póker. Era el as de picas. Sólo existía en las nubes grises del norte, era el cometa dominguero de una niña y la taza de loza fría con restos de café que se rompe por descuido. Era LA mañana de Madrid y LA noche de un cabo del norte del país. Era fotos en blanco y negro y psicodelia adolescente. Y ganas de morir de amor. Y de pena. Él era la humedad, el rocío, las sonrisas robadas y el roce de una mano descuidada. Pensar en él era pensar en perros abandonados en cunetas perdidas, en bengalas de cumpleaños, estrellas vistas a través de la ventanilla del coche a oscuras, pulseras de juncos, moras, girasoles, calcetines rotos y cines. Oscuridad y calor. Él era el viento y flores en una terraza vieja. Bicicletas en abril y besos largos en agosto. Él era la lluvia.
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La lluvia
Diciembre 10, 2008Moleskine
Julio 16, 2008
Why would you think your boy could become
The man who could make you sure he was the one?
The Park, Feist, The reminder.
La calma que precede a la tormenta,
el Sol que seca mi piel
y cierra las heridas.
Y luego él,
curándose bajo otra luz.
Desde allí, alerta,
percibe mi olor
y mi insomnio.
Cada noche se desliza,
con mucho cuidado,
entre mis sábanas
y, aprovechando la oscuridad,
pule mi espejo.
Así, todas las mañanas
el cristal me diseña
y vuelvo a nacer.
Después,
en el desayuno
y antes de partir:
una margarita
encima de mi Moleskine.




