Lo del tabaco es jodido, y eso es lo más raro. Generalmente, cuando estoy nerviosa, me dan ganas de fumar, y cuando viajo estoy nerviosa, ergo me deberían dar ganas de fumar, PERO NO. No sé qué extraño mecanismo hace que se me cierre el estómago y A PESAR DE ELLO, siento la necesidad de preguntar dónde está la smoking room más cercana y meterme dentro a fumarme un cigarro que nunca me acabo y que inevitablemente me provoca una angustia horrible. No sé por qué. No lo sé. Igual por eso del “nos reuniremos en los aeropuertos y al calor de una smoking room en la que no entra aire ni luz hablaremos del tiempo y acaso del gobierno y trazaramos NUESTRO MAGNO PLAN”. Nuevos planes, idénticas estrategias.






