Si te viertes
sin miedo a la pluma,
al papel y a los versos.
Sonríes
olvidando las convenciones
y los gestos de barra de bar.
Estrechas las copas,
inclinas con clavos su ardiente vientre
de olvido, desesperación y consuelo.
Porque escribes
dejando a un lado el qué dirán,
la música y mi boca abierta.
Y con cuidado desnudo la curva de mi axila,
la comisura de mis labios de batalla y asfalto,
de naftalina, polvo y moquetas de hotel.
Pinto los lunes
Imágenes urbanas, de charcos,
asfixia, rascacielos y tráfico.
El domingo lloras la llamada distante,
el silencio delator, el humo negro.
Apedreo los poemas
que no escribiste para mí
en noches de verano con luces de mar.
Y el calor
ya no es calor de cuerpos,
cafés, sábanas y sesiones de persianas.
Sólo es polución casera,
nocturna, febril,
anhelos, guisos y cigarros.




